Nuestro sordo más universal lo dijo, pero no se aplicó el cuento mucho. Con esto quiero decir que la parte más interesante de su obra, las pinturas negras, precisamente está plagada de monstruos, y precisamente por eso es que son mágicas.


"A finales de los 90, Takashi Murakami trasladó, en un acto genuínamente pop, la iconografía kawaii y otaku a sus pintruas y esculturas, difuminando los límites entre el alta y baja cultura, entre arte y mercadotecnia. Murakami fue cabeza de puente en occidente de toda una generación joven de artistas japoneses que, bajo la común denominación de Superflat (lo plano como valor propio del arte japonés), muestran con éxito sus trabajos en EE UU y Europa".
2. Puni Puni. Miradas cruzadas sobre la creación gráfica entre 18 artistas japonesas y españolas.
Termina el 20/07/2008

"El idioma japonés es rico en onomatopeyas. PUNI PUNI, la que da título a esta exposición, se utiliza para describir el sonido de algo blando, mullido, dúctil. Es el sonido que emiten las cosas al ser achuchadas. Una parte considerable de la industria japonesa actual se dedica al diseño, producción y comercialización de objetos PUNI PUNI: personajes o muñecos de estilo infantil en sus diversas versiones de peluches, vinilos, capsule-toys, complementos de moda, gominolas, mascotas para empresas... Este revestimiento kawaii (dicho de los niños y de las cosas pequeñas y delicadas: bonito, gracioso, mono) que luce todo producto japonés es, sin duda, una de las características más reconocibles de la cultura visual nipona".
Al final, el arte también es un retrato, cuanto menos del artista, pero normalmente de la sociedad, en este caso la japonesa. Y creedme, no sale muy bien parada. 100% frivolidad.